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Meet Sam Gosling

Conoce al skater, carpintero y Dickies Maker Sam Gosling

HISTORIAS | 19.08.2021

Sam Gosling es todo un fuera de serie. Son pocos quienes poseen las agallas, la creatividad y el coraje necesarios para vivir una vida tan única e interesante. Afincado en Buckinghamshire, Sam se dedica sobre todo a fabricar muebles y hacer skate. Es el rey del reciclaje y la reutilización, algo que incorpora a todos los aspectos de su vida, ya sea para construir parques de skate caseros como su propia casa. ¡Poca gente podría decir lo mismo!

Sam ha sido clave en la creación y el desarrollo del mítico salón de skate The Ballroom. Hemos pasado el rato con Sam Gosling para enterarnos de lo último sobre su fascinante vida. Continúa leyendo para saber más.

Hola, Sam. Gracias por animarte a charlar con nosotros. Antes que nada, ¿podrías hablarnos un poco sobre ti?

Hola, mi nombre es Sam Gosling, fabrico muebles y hago skate. Ahora estoy trabajando en un pequeño taller en la campiña inglesa de Buckinghamshire, aunque provengo de una pequeña ciudad pesquera de Essex.

Cuando aún vivía en Essex, solía trabajar en los barcos y había una pequeña comunidad de skaters. Quedábamos en la estación de tren y saltábamos bordillos durante horas. Había un pequeño parque de metal en la ciudad, pero, al igual que con los parques de principios del 2000, no tuvieron en cuenta el espacio y era una chapuza de rampas empinadas y planas con barandillas imposibles de patinar. También habíamos construido un par de minirampas rudimentarias en los jardines traseros de nuestros padres con chapa oxidada que habíamos encontrado y que no aguantaron más de un verano.

Para cuando me fui a la universidad ya era prácticamente el único skater de la ciudad. Me vine a High Wycombe para estudiar diseño contemporáneo de muebles en la universidad Bucks New. Al mudarme descubrí que justo estaban construyendo un nuevo parque de hormigón bajo los arcos del ferrocarril. En cuanto recibí mi primer préstamo estudiantil me compré un set nuevo y al poco tiempo conocí a skaters locales que también iban a estrenar la pista de hormigón. Fue ahí donde encontré a muchos de los que aún hoy patinan conmigo. Ir a la universidad fue una gran experiencia y las personas a las que conocí se han convertido en compañeros de trabajo y amigos para toda la vida.

Hice mi trabajo final sobre muebles ecológicos, tema muy de moda en ese momento, y llegué a la conclusión de que las empresas que afirmaban ofrecerlos no hacían un buen trabajo: la forma de vida más respetuosa con el medioambiente pasa por buscar lo que sea que alguien haya desechado, arreglarlo y reutilizarlo como mejor te venga. En el trabajo mencioné el parque Burnside, básicamente reconstruido con basura, y las comunidades que vivían bajo los túneles de Las Vegas tras las inundaciones causadas por las tormentas.

Me apasiona esta forma de pensar y considerar que puedes aprovechar todo lo que te rodea, lo que me ha llevado a acumular materiales como por ejemplo coches viejos, entre ellos el VW Caddy MK1 que he estado restaurando desde hace un par de años. Creo que al final lo que me apasiona es devolverles la vida a las cosas.

Mientras iba a la universidad trabajaba en el pub local recogiendo vasos y botellas vacías de las mesas y luego ascendí a camarero. Tras graduarme en la universidad, acabé trabajando en el pub 6 días a la semana y, después de un año de copas de día, noches borrosas y resaca permanente, llegué a un punto en el que necesitaba pasar página.

Empecé a trabajar en un pequeño taller de restauración de muebles y aprendí muchísimo sobre el acabado de precisión tradicional y la historia de la artesanía. Desafortunadamente, no me sentía inspirado. No tardé en encontrar trabajo en una fábrica de muebles más grande y empecé a participar en proyectos más importantes, tanto propios como comerciales. Al cabo de un par de años volví a perder la motivación, así que decidí trabajar por mi cuenta y ha sido toda una aventura. En los últimos años he aprendido muchísimo y he podido crear una red de clientes y proveedores con los que he hecho amistad. Poder elegir los encargos que acepto significa que siempre trabajo en proyectos que me interesan, lo que me ayuda a potenciar mi creatividad.

Sam frente a su VW Caddy MK1 con la chaqueta Eisenhower

¿Cuáles han sido algunos de tus proyectos favoritos?

He tenido la suerte de participar en varios proyectos interesantes en los últimos años y de trabajar codo a codo con profesionales creativos y marcas como Nike, Red Bull, HUF, Volcom, Slam City Skates y Vans. Este año renovamos completamente la tienda Enfield Slam City Skates y fue muy gratificante ver cómo un almacén enmoquetado y deslucido se transformaba en una tienda de alta gama con contrachapado y hormigón.

La familia Vans ha sido increíble y al trabajar juntos convertimos sus ideas en realidad. Hemos colaborado al preparar tiendas y escaparates, así como en eventos. Fue muy divertido construir la Bump to bar para el festival NASS. Además de hacer la fachada del pub y la barra de bar patinable, pude hacer de camarero en el evento. Ver cómo la gente hace skate en algo que tú has creado es de lo mejor de mi trabajo.

El salón The Ballroom DIY es mítico. ¿Puedes contarnos más?

El Ballroom, un salón de baile abandonado, lo encontró uno de los chicos. Era un salón enorme lleno de cubículos de oficina ochenteros, cristales rotos desperdigados y losetas de moqueta por todo el suelo. Se construyó en la década de los 40 para alimentar y entretener a los obreros del complejo industrial Molins que ocupaba la zona. Durante décadas fabricaron cigarrillos y máquinas expendedoras de cigarrillos. En un momento dado derribaron la mayor parte del complejo, a excepción de dos edificios: el salón de baile y un bloque moderno de oficinas. El salón de baile pasó a ser una gran sala de cubículos de oficina hasta que lo abandonaron por falta de dinero.

En cuanto descubrimos el edificio y levantamos las primeras losetas supimos que teníamos que aprovechar su potencial, lo que implicaba volver a abrir el espacio y quitar las losetas para que quedase al descubierto el suelo original de parqué. Fue una tarea descomunal. En las horas que pasamos despejando todo patinamos entre los tabiques desnudos de las paredes. La primera pieza que hizo del salón su hogar fue un cajón que teníamos desde hacía pocos años. Se convertiría en la plataforma Molins después de que encontrásemos una antigua señal de la fábrica que le quedaba como anillo al dedo encima, como si se hubiera creado para ella.

Despejando el lugar, fotografía de Alistair Freeman @countcoldsag

 

Con el paso del tiempo añadimos más obstáculos. Nos pusimos en contacto con los dueños casi desde el principio, les explicamos lo que estábamos haciendo en el edificio y cuáles eran nuestras intenciones e increíblemente nos dieron casi total libertad para hacer lo que quisiéramos. Ya habían planificado algo para el lugar y primero nos dijeron que al edificio le quedaban un par de meses en pie, luego a lo mejor un año, así que decidimos construir lo que pudiésemos y disfrutarlo a sabiendas de que podría desaparecer en cualquier momento. En realidad, no querían saber nada del edificio y preferían conocer a quienes lo ocupasen a dejárselo a cualquiera. Éramos en esencia los guardianes del edificio.Pasaron 6 meses, luego el primer año, el segundo y el tercero y seguíamos construyendo. Trabajaba en la fábrica de muebles y llenaban contenedores con materiales de sobra casi todas las semanas, por lo que les estaba haciendo un favor al llevármelos. Hay materiales en todas partes, basta solo con prestar atención. Aun así, teníamos que comprar material, sobre todo para la capa superior de las rampas, para lo que a menudo poníamos dinero entre todos en un bote. Fue así como logramos una superficie de patinaje tan lisa, ya que todo lo que construíamos quedaba perfectamente integrado con el suelo. Además, trabajar en el mundo de los eventos de skate nos brindó la oportunidad de usar rampas sobrantes que iban a acabar tiradas en algún contenedor. Reconstruimos y ajustamos esos obstáculos para que quedasen bien en el circuito del salón.

Construcción en marcha

 

En sus últimos años, el salón tenía todo lo que un skater pudiese desear: desde bordillos de más de 15 cm hasta rampas de cuarto de tubo de unos 2 m y medio para patinar por la pared y volver a bajar por una rampa recta. Una minirampa de unos 90 cm, un eurogap, un Hubba, 2 aristas, un manual pad de 6 metros de largo, una cuña de queso, una barra wally, calzada, una barra plana... tenía de todo. Incluso esculturas patinables que nos habían dejado de sesiones de fotos.

En sus más de 6 años de vida, el Ballroom fue un lugar de encuentro para la comunidad local de skaters varias tardes a la semana y casi todos los fines de semana. También fue un punto de encuentro con otros miembros de la comunidad skater. Conocimos a muchos grupos nuevos de otros lugares del país gracias a que el Ballroom se había convertido en un punto de escala para quienes viajaban por carretera o se escapaban el fin de semana desde más lejos. Fue muy gratificante compartir con tantas personas lo que habíamos creado. Son muchos los buenos recuerdos, demasiados como para elegir los mejores. Disfruté mucho del simple hecho de construir el parque de skate con mis amigos en un edificio increíble. Resultaba imposible no buscar a cada momento materiales, planear y construir nuevos obstáculos o simplemente pensar en hacer skate. Muchas sesiones acababan convirtiéndose en tardes de barbacoa en las que todos pasábamos un buen rato.

En sus últimos años, el salón tenía todo lo que un skater pudiese desear: desde bordillos de más de 15 cm hasta rampas de cuarto de tubo de unos 2 m y medio para patinar por la pared y volver a bajar por una rampa recta. Una minirampa de unos 90 cm, un eurogap, un Hubba, 2 aristas, un manual pad de 6 metros de largo, una cuña de queso, una barra wally, calzada, una barra plana... tenía de todo. Incluso esculturas patinables que nos habían dejado de sesiones de fotos.

En sus más de 6 años de vida, el Ballroom fue un lugar de encuentro para la comunidad local de skaters varias tardes a la semana y casi todos los fines de semana. También fue un punto de encuentro con otros miembros de la comunidad skater. Conocimos a muchos grupos nuevos de otros lugares del país gracias a que el Ballroom se había convertido en un punto de escala para quienes viajaban por carretera o se escapaban el fin de semana desde más lejos. Fue muy gratificante compartir con tantas personas lo que habíamos creado. Son muchos los buenos recuerdos, demasiados como para elegir los mejores. Disfruté mucho del simple hecho de construir el parque de skate con mis amigos en un edificio increíble. Resultaba imposible no buscar a cada momento materiales, planear y construir nuevos obstáculos o simplemente pensar en hacer skate. Muchas sesiones acababan convirtiéndose en tardes de barbacoa en las que todos pasábamos un buen rato.

Hubo sesiones y trucos míticos en The Ballroom, fotografía de Alistair Freeman @countcoldsag.

 

Tuvimos el salón durante mucho más de lo que esperábamos y en ese tiempo no fueron pocos los percances con el vandalismo. Se trataba de un vandalismo dirigido a nosotros, al principio con un par de ventanas rotas y grafitis. Luego vendrían por olas, unas peores que otras. A veces llegábamos un fin de semana y el parque entero estaba patas arriba. Si algo no estaba atornillado, aparecía en la otra punta del parque. Hubo una vez en la que rasgaron más de 20 sacos de hormigón que habíamos estado guardando para la zona exterior y lo esparcieron por todas las rampas. Luego les echaron el agua de nuestras botellas encima y todos sabemos lo que pasa cuando mezclas hormigón y agua. Una mañana entramos y encontramos que habían hecho añicos la bola de discoteca contra el cajón. Sabíamos que estos chicos lo único que querían era destruir lo que habíamos creado. También le prendieron fuego al sitio, quemando las rampas y el suelo. Lo único que podíamos hacer era reconstruirlo. Y fue lo que hicimos. Hubo momentos en los que parecía que se repetía cada fin de semana. Todo esto llevaría finalmente a la desaparición de The Ballroom. El vandalismo se cebó con el salón y repararlo y reconstruirlo requería demasiado tiempo y dinero. Llegaban coches llenos de chavales a altas horas de la madrugada armados con palancas, mazos y herramientas eléctricas para desmontar las ramas. Resultaba desconcertante que la gente hiciese eso. Supongo que la alegría que nos daba el skate era la misma que les daba a ellos el destruirlo.

La comunidad empezó a disolverse cuando los findes haciendo skate pasaron a consistir en barrerla. Ver cada fin de semana cómo se destruía lo que habías construido era cuanto menos descorazonador. A medida que iba decreciendo el número de patinadores, el vandalismo aumentaba y el edificio acabó hecho un desastre. Los dueños recibían llamadas de la policía sobre lo que ocurría y tuvieron que impedir que nadie más entrase. Fue entonces cuando entraron con una excavadora, hicieron pedazos las rampas y cubrieron las ventanas por completo con chapas metálicas atornilladas. Y se acabó lo que se daba. Fue bonito mientras duró. DEP Ballroom.

DEP Ballroom

Crear un proyecto de skate propio suele promover un fuerte sentimiento de comunidad. ¿Algún consejo para quienes quieran probarlo?

Mi consejo para todo el que quiera empezar a construir su propio proyecto es que empiece y punto. Si encuentras un espacio con potencial, dependerá de ti que ocurra. Hay muchísimos parques increíbles creados por los propios patinadores y no hay que olvidar que todos empezaron en espacios desaprovechados. La esquina de un parking demasiado grande, un espacio lleno de escombros debajo de un puente o un edificio roto y abandonado. Si ves su potencial, puedes hacerlo realidad. Esos espacios no están siendo utilizados y puedes crear tu parque de ensueño en ellos. No será fácil, pero valdrá la pena. Si lo construyes, vendrán. No cabe duda de que la comunidad de skaters florecerá allí donde crees un parque con tus propias manos.

Has hecho un gran trabajo al asegurarte de que el skate sea una parte importante de tu trabajo. ¿Has encontrado sinergias o similitudes entre el skate y la carpintería?

Me encanta poder trabajar como carpintero en la industria del skate y que me paguen por algo con lo que disfruto. Me siento muy afortunado. ¡No siempre es fácil, pero las recompensas lo merecen! Supongo que al patinar necesitas confiar plenamente en ti para aprender y dominar un nuevo truco y, al igual que con la carpintería, queda en tus manos el aprender y pulir las habilidades necesarias para crear un trabajo de gran calidad. La única forma de que logres hacer un buen treflip es practicar día tras día y lo mismo ocurre cuando trabajo con madera. Cada proyecto es un aprendizaje inacabado, pero mientras notes el progreso deberías sentirte satisfecho.

En la actualidad no son muchos los que pueden afirmar haber construido su propia casa. ¿Cómo ha sido?

Mi casita ha sido un proyecto lateral durante los últimos 7 años. Empezó siendo una unidad de almacenamiento y el plan era construir un pequeño taller o estudio. Era un espacio creativo que acabamos alquilando entre amigos. Cada vez pasábamos más tiempo en ella y la construcción se puso en marcha. Al igual que con todos mis proyectos, casi todo era encontrado y reutilizado.

Encontré la ventana grande de vidriera doble y las puertas del patio al lado de un contenedor. La mayor parte de la madera también provenía de restos y de contenedores. Todos vivíamos o en casa o en una habitación de alquiler en un piso de tres al cuarto. El estudio era un oasis al que escapar y en el que encontrarnos por las tardes. Nunca quería volver a casa.

Hace un par de años decidí invertir algo de dinero para aislar y enyesar esa fría caja de madera. Le puse la fontanería y construí una cocina, con lo que vivir en ella se volvió mucho más cómodo. No fue hasta el año pasado que le instalé la ducha: antes de eso iba a ducharme a las casas de mis amigos y a menudo fuera, bajo un cubo con agujeros. Ha sido un progreso natural.

Además, pusieron en alquiler el taller de al lado así que me hice con él y ahora mi taller está conectado a la entrada lateral de manera que en 30 segundos ya estoy en el trabajo. El estudio es ahora una cómoda vivienda para mí y para Bruno con un altillo para dormir bajo las estrellas. También tengo un pequeño invernadero en el que cultivo plantas y una terraza entre los edificios para hacer barbacoas con vistas al valle y al bosque.

¿Y ahora qué?

Llevo un par de años pensando en hacerme una caravana y creo que ha llegado el momento. Durante el confinamiento me compré una camioneta en la que he estado trabajando poco a poco desde entonces. Me encantaría encontrar un rincón tranquilo en el bosque y hacer un puente de cuerdas que conecte el techo de mi caravana con una casa del árbol encima de una rampa o algo así. Me han ofrecido una oportunidad laboral con la que colaboraré en proyectos muy interesantes en Essex para montar una nueva tienda de madera y construir vehículos Overland con un viejo amigo. No me cierro puertas y voy viendo a donde me lleva. Continuaré trabajando con mis clientes y tengo algunos proyectos geniales en curso así que estoy entusiasmado con lo que está por llegar.


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